1.11.13

Carta a / de un accidente.

Entierra muertos // mata musas. 

Mira, que desde que apareciste soy un obelisco, alto, el más alto, el más duro. Mira, que desde que llegaste el mundo se repite. (Nuestro primer hijo será un dinosaurio.) Brincas de Madrid a Venezuela, de puntas. Mira, que la brújula, el cronómetro, el reloj de pared, la nave y los toma corrientes ya no funcionan. Mira que a veces, casi siempre, infinitamente el fuego nos da vida. Eres un barco, un cantante terrible, un enamorado, un pobre poeta con cadena perpetua. Mira, soy tu padre, a veces tu madre, siempre tu amante. 

(La banda sonora de mi vida, comienza con tu voz.)

No olvides los buenos días, ignora los buenos modales. Exige mi amor hasta que mis ojeras sean hoyos negros. Avienta tu alma por ese balcón. Con ella, tu cuerpo. Traga sin masticar, folla mientras amas. Derrite el pasado, apuñala, hostiga, desarma, congela, elimina, intoxica -lo...

En tus ojos encuentro librerías completas, en tu cabello vainas y enredaderas de vainilla, arándano y veneno.  Tu cerebro es un laberinto sin salida por donde amo deambular.

(Sentada a la derecha del padre, te encuentras tú.)

En tu vientre una semilla que no se digna a morir, en mi pecho un puño enfurecido que golpea y amenaza con salir disparatado cuando toma tu mano. 

Te arrodillas, pides perdón por todas las veces que negaste este amor, y yo me convierto en un mar blanco en tu boca. Pasas, nunca pasas, devoro tu isla, desaparece el letargo y despierta el volcán. Amas.

Tarareas nuestra canción mientras corres a velocidad suicida y explotas, siempre: contra mí, en mí, por mí...

*A 365 días de la supernova suprema y última de mi galaxia.