2.5.14

¿ Te duele?

Dices que tus miedos aprendieron a aullar.

Que tus padres te enseñaron a compartir, pero que esto es el colmo.
Que soy tuyo o nunca lo fui. 
Que soy un poco de todos, menos mío.
Que pocas veces aprendí a bailar a tu ritmo. 
Que tus mariposas quieren comerte las entrañas. 
Que la chingada.

Que las puertas y el jodido frío que hace cuando la habitación está blanca y mi mente blanca y mis ojos en blanco. 
Que huevotes de llamarte mía, que huevotes de tirarme al barranco y preguntar si todo está bien. 
Que cojones, niña, de querer vivirme en la distancia. 
De soñarme y mal cogerme y mal viajarme y desprenderme y enervarme emocionarme, para luego matarme, sacrificarme o abandonarme.

Que verguenza, niña. Dibujarme las salidas y borrarme el otro lado, la otra vida, ocultarme el faro. Reventarme en doce y ponerte en cuatro para luego jugarte la vida en un volado. 
Que cojones, mi niña. Descaradamente arrullarme, anclarme, clavarme y mal gastarme. 
Que cojones de inflar el globo cerca de las jeringas. 
Que terribles cojones de amarme, hacerme amarte y después decirme, partirme, idolatrarme y consumirme.

Que cojones, mi niña, de vivir esperando morir en la luna.