17.3.16

Aquél entonces.

Cuando Alejandra me amaba, el mundo entero era mi cómplice. Cuando Alejandra me amaba, el mar lloraba de felicidad. Cuando Alejandra me amaba, los pájaros eran un lenguaje. Y las distancias eran amantes del drama y las depresiones baratas. Cuando Alejandra me amaba, el universo completo era una novela, un poema de Pizarnik con un poco de esperanza. Cuando esa mujer me amaba con todas sus lagrimas, con todos sus huesos, con todo su amor. Cuando Alejandra me amaba, el café se caía por las escaleras. Las putas se ponían celosas y cobraban menos. Cuando esa golfa me amaba, yo era un niño con una cometa. Yo era un árbol con raíces más grandes que las ramas. Yo era un obelisco, yo era un Dios. Yo era el imbécil más afortunado. Yo era -el más amado. Cuando Alejandra me amaba y corría casa por casa para anunciarlo. Cuando Alejandra me amaba y escribía una biblia detallando nuestra relación. Cuando esa loca llorona me amaba. Cuando esa insana mujer, cuando esa marchita, cuando esa ojerosa, cuando esa y sus tetas de diosa. Cuando Alejandra me amaba y yo era inmortal.