16.3.17

V


…me descifras como si tuvieras una vida viviendo en mi cerebro y sintiendo mis entrañas y supieras mis dolores y te los quisieras comer o les quisieras meter una tremenda putiza para que tu pequeño búfalo deje de estar tan roto y entonces me besas y me construyes un mundo uno mejor uno más grande uno más puro y verde y blanco y azul y rojo y feliz y empapado un mundo dónde podría vivir las vidas que me queden y soñar con dragones domesticados y leones y lobos domesticados donde pueda soñar conmigo mismo domesticado tuyo entero pleno y feliz en la punta de un árbol en la punta de una montaña en la punta del mismísimo Plutón gritando gritando a todo pulmón cuánto te amo así así sin comas y sin puntos y sin fin.
S.T

8.3.17

Bruja

Me he prometido contar hasta diez, cada día. 
Respirar por un minuto -desde la barriga- dicen las instrucciones. 
Poner mi atención en un sólo objeto, en un sólo sonido. 
(Pienso en tu voz, y tu risa.)
En que podría fijar mi atención el resto de mi vida en cómo late tu corazón cuando estás a mi lado. 
Respirar por 1 ó 2, ó 3 días enteros, pensando en la manera en que calmas la bestia que llevo dentro. 

Que miedo que sueltes mi mano, que miedo que sueltes mi patita, que miedo que me sueltes. 
Que miedo el espacio que dejarías, del tamaño de un dinosaurio. 
Un hueco, aquí mira, aquí dónde va el corazón, acá dónde va el alma. 
Aquí, aquí dónde van los sueños y los planes de volar hacia el mañana. 
El vacío aquí en el álbum familiar, y en las reservaciones de fin de año. 
El vacío en el jardín, en tu lado de la cama. 

Que miedo el mundo para uno, la vida para uno, el shampoo para uno. 
El amor, el jodido amor para uno que no seas tú. Que no sea nosotros. 

Me he prometido ser menos hombre y más humano. Ser menos torpe y amarte más y amarte mejor. 
Y contar hasta diez y contar hasta cien y contar hasta siempre.
Y eternamente cerrar los ojos y respirar -desde la barriga- hasta que desaparezca.

20.2.17

F.

Primero que nada te ofrezco una disculpa. 

No eres tú. 

Es la vida, la jodida vida. La incierta, insatisfactoria, caótica, desmesurada. 

La pinche vida. 

Luego te observo, muy fijamente y descubro que: Sí, eres tú, claro que eres tú, hijo de la chingada. 

Tú que vienes a sacarme de mi zona de confort, a creer que lo sabes todo -a veces creo que sí. 

Eres tú, jodido arrogante que llegas a besarme y derretirme.

Eres tú y tus putas palabras, tus mares de palabras, tu ráfaga de palabras. 

Tú y tu coraje por no haberme encontrado antes. 

Tú y tu salvavidas. Tú y tu cara de niño imbécil cuando tienes miedo de perderme. 

Tú y tu voz rota cuando gritas y gritas y te quiebras y yo sólo pienso "¿cuánto daño le hicieron antes de mí?".

Eres tú, por las mañanas mientras haces un esfuerzo ridículo por despertarme, tú, cuando me abrazas y me dices -te amo- sin razones aparentes. 

Eres tú, cuando te vuelves gigante sólo por estar dentro. Tú, cuando lloras. Tú cuando escribes. 

Tú, cuando te quedas ahí parado a recibir mis pasteles de mierda en la cara. 

Eres tú y tu parte humana, que no dejas que nadie vea. 

Tú y tus deseos rotos de ser padre. 

Tú y tus venas. Tú y tus pesadillas. 

 Eres tú y tu manera de hacerme sentir que soy un planeta entero. 

Tú y tu absurdo quedarte. 

S.T

11.2.17

Caoba

A caoba. A mierda, a miedo, a recuerdo, remembranza, a jodido, al ayer. 
Pasado, pasado, pasado, pasado, pasado, pasado.
 Me asfixia. Ya lo viví, ya lo sentí, ya, ya, ya. Ya fue suficiente. No, gracias. 
Cuántas veces tiene uno que ver la misma historia? Cuántas veces hasta que se vuelve uno loco. Hasta que uno vomita, hasta que uno se arranca las uñas y la piel y la cabeza completa. 
Éste pasado no me corresponde, éste dolor no me corresponde, ésta vida no me corresponde. 
Vete. 
Vete ya. 
Ya es muy tarde. No lo entiendes. Sigues sin entenderlo. Sigues sin detenerte. 
Cuánto más quieres que duela? Cuánto más puedes pagar? Cuánto te falta? 
A caoba. Tu aliento y tu miedo, y tu odio por el rechazo. Rechazo, rechazo, rechazo, rechazo. 
No me toques, no me beses, no te quedes, no me ames, no me esperes, no me aguantes, no me cantes, no me escribas, no me hagas el amor, no me toleres, no me des todo, no me des amor, no me sonrías, no me hagas feliz, no y no y no no no no no no no no. 
Vete. 
No me gusta esto, no soy esto, no sé de esto, me da miedo esto. 
Vete, vete, vete, vete, vete. 
A caoba. A dolor viejo, a dolor viejo. Ya me habías dolido así, en otro rostro, en otro cuerpo, las mismas palabras, la misma mierda, el mismo pretexto, la misma mierda, la misma mierda, la misma mierda, el mismo dolor, el mismo dolor, el mismo dolor y un cuerpo más jodido. Un alma más agrietada. Una vida más rota. Rota. Rota. Roto. Completamente roto. Lo mismo de siempre con otro nombre. Lo mismo de siempre con otro coño. Lo mismo de siempre con otra sonrisa. Las mismas lagrimas. La misma mierda. La misma re jodida mierda. Caoba. El mismo dolor. 
Un eco. Un eco. Un eco. Un eco.

10.2.17

El cometa.

((Vuela  lento))
Deja que te vea, que mis ojos nunca tengan que preguntar por ti. Que mis manos no se cansen de rasgar en los vacíos. Deja, deja que sea yo el que tiemble de miedo; por la guerra, por la delgada línea entre el amor y la indiferencia, por la monotonía, la tentación, por los reproches y desfiguradas ideas. Deja que sea yo el que se joda a tus demonios, el que se reconcilie con los míos. Deja que termine de adorarte y comience de nuevo. Deja que culpe a la luna, deja te prendo una vela, deja me bebo tu espíritu. Sé mi cometa. Vuela y no te sueltes. Vuela y deja me quedo inmerso. Inmerso con tu danza. Sé un pedazo de cielo y deja que sea yo el hombre del paraguas, el hombre cegado, el por tu luz, el por tu coño. Deja que sea yo el hombre anticuado, el por conservarte, el por mirarte. Deja, deja que sea yo el niño que corre por una pradera infinita con su pequeño cometa azul en la mano.  
S.T

24.1.17

Elevador

Dice que no soporta las cosas rotas. Que no sirven. Que se deben tirar porque se ven feas. A veces me pregunto ¿En qué momento se dará cuenta de lo roto que estoy? Que soy un costal de añicos. Un fracaso tras otro apilados en un cuerpo aletargado...
-¿En qué momento,Sebastián? Lo supe desde la primera vez que soñé contigo. O cuando te vi a los ojos. O cuando no lo hice. Eres un espejo roto. Eres arte que duele. Que miedo acercarse y amarte. Y sangrar. Que miedo ser tuya y que te pierdas. Ruinas. Eso vi en ti. Ruinas. Y sólo pienso en las ganas tan inmensas que he tenido de construir mi castillo justo ahí. En ti. En ese espacioso y agrietado espacio. Sembrar semillas en tu pecho y que tu corazón sea un ramo, ¿qué digo un ramo? Un campo inmenso de gladiolas y magnolias latiendo. Un balcón en las cuencas oculares. Un columpio entre costilla y costilla. Una bandera blanca entre tus huevos. Y focos, focos de todos colores cubriendo tu rostro, tus brazos y piernas. Soy yo Sebastián, tu musa escultora. Tu cómplice. Mi tonto y roto búfalo. Soy yo la que va a levantar un reino dentro tuyo. El más grade. El más poderoso. El más indestructible y se llamará: Nosotros.
S.T

13.1.17

Frijoles.

Esta es nuestra guerra.
Y tendrá tus ojos y mis manos. Y tu risa. Y tendrá mis ojeras y mi mal humor. Y dirá tu nombre primero pero seguirá mis pasos. Y nos dará calma y olerá a leche. Y pintaremos su cuarto del color de tus sueños. Y te besaré por la mañana mientras todo duerme. Y cargaremos su alma bajo la luna. Y será feliz. Y nos verá crecer. Y nuestras arrugas serán de oro. Y mi corazón estallará como un volcán.
Y lo llamaremos: Amor.
S.T