28.2.13

La rosa radiactiva

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Cuídate, poeta,
de las mujeres de ojos zurdos
que hacen mejores tus poemas,

pues los amores perfectos
sólo sirven para escribir poemas
de puerro y alcachofa:

o los escribes malos
porque el amor triunfa
y tu amada es la rosa más limpia,

o los escribes buenos
porque el amor fracasa
y tu amada es la rosa radiactiva.

24.2.13

Corte-de-los-milagros.

(¿Puedes culparlo?)

Gitana: Yo por ti, también quemaría una ciudad entera.

*Sobre todo si es París, porque sè cuánto la odias...

21.2.13

Ya, ya.

No es que me sobren cuerpos, o que me falten almas. Es que rechazas la medida que te doy. En que te convierto. Es que encuentras encantador, rebajarte al nivel del fango. Un paso abajo, claro. Nada cansado. Menos que neutralidad. Menos que besar una boca enferma de promesas sin cumplir. Menos que cantar mientras se recicla. Menos aùn que tocar el mismo punto débil en todas. Menos que caer de un segundo piso, de un trampolín. Mucho menos que sudar entre tus tetas. Me reviento de menos gracia que sed. No es que me tengas con el gancho en la traquea. No es que me tengas, del todo. No sabes que a veces pienso en ella, o en la otra, o me brinco en sueños de tu cama a la suya. No es que te tenga con hambre, con fuego, es que te tengo cansada, es que te sobran piernas, es que te faltan fuerzas. No es que te ame por las mañanas, no es que me leas y te quedes callada, es que te arranco la lengua mientras juegas con mil ratas. Es que tanta cucaracha, cariño, tanta mierda, tanta revolcada, tanto pretexto, tanto tanto, tanto y mira còmo regreso a lo mismo de siempre: tanto, tanto que me gustarìa y luego pienso en 65 palabras y entiendo que ese no es tu estilo. Me retracto entonces y sòlo afirmo que no es que me sobren letras, es que me faltan huevos. Es que no entiendes, es que no ves, es que no escuchas, es que cariño, eres mi piedra favorita en el zapato, es que eres veneno que sabe a veneno, que eres tierra que sabe a tierra, eres lobo pero mueres, mueres como oveja...
En este momento, ella se rìe de la ausencia. Porque sabe que mis letras estàn en casa.

17.2.13

Asì


A veces, Marla.

Tù y yo no tenemos nombre. Igual un dìa soy un canalla, tù decente, un caramelo, yo un koi, tù España, yo un mal parido, tù los ojos de Leonor, yo una bolsa de fracasos, tù la ùnica victoria, un oasis, un sermón  anti-reflexivo, yo un templo, tù un lobo, yo tù buffalo, y a veces eres yo, y no sè dònde terminas// dònde empiezo, no sè còmo se llaman las cosas a las que uno no puede ponerles nombre.

Somos esto. Fin.

Y a veces me dan unas ganas de gritarte que sì eres gris, gris como el mar del invierno. Asì lo dijiste y yo me quedè nadando en la imbecilidad. Hasta la fecha...

13.2.13

Perro..

¿Pero entiendes tú de lobos? ¿Y de búfalos cansados? ¿De dragones y cenizas? ¿Entiendes esa parte entre la franqueza y el  deseo por no destruirse? ¿Esa unión del alma y el fuego, de los mares verdes y los cielos rojos? ¿Puedes entender que es importante la edad de una tortuga? ¿Y su color, y si es más bonita que las demás? Dime si te queda claro que la luna duele, que los besos duelen, que la ausencia va más allá de estar sin ti....

Porque ella lo entiende, ella me lo enseñó. Ella me lo escupe, me lo deja en los huesos.
Porque ella entiende de accidentes, porque no cree en los átomos. Porque no cree en los nombres, porque puedo llamarme Piedra, Perro o Sebastián y seguiría ardiéndome en cada parte de mi cuerpo lo mucho que la quiero. Eso. Que la quiero.

Entonces, si me dices que entiendes de náuseas y que tenemos un innombrable en común y un hartazgo y si me dices que suena a nosotros y si me dices que al final lo que importa es quién se queda, al final...

Entonces si me dices que no se va a repetir pero que puedo compararla y si me preguntas si me hace reír y coge bien y si es inteligente, si me preguntas las nimiedades por las que discutimos, tengo que decir:

Que me siento amenazado de que a su edad tenga ese cerebro tan desarrollado que al cabo de unos años me va a dejar atrás. Que me siento incapaz de mantenerle el ritmo si se le ocurriera exigirme más polvos de los que le doy. Que me salen lágrimas de los ojos, de la gracia que tiene para tambalearme de risa como un niño pequeño.

Entonces, se me justifica el decirle cariño, se me justifica pensar en la quemadura que va a ocasionar si se va, alegar que ese lujo ya no me correspondía y que si lo hace, que si lo hace no puedo tumbarme a pedirle que lo considere de nuevo. Se me justifica que voy a berrear y bramar, que voy a explotar y a derrumbar el único castillo que me he empeñado en construir en el aire y con arena. Sólo entonces, se me justifica tener el descaro de asegurar que le pertenezco y que siendo yo el idiota que soy, me pertenece.