8.10.20

Carne roja.

(Recordé por la tarde que el otro día me he quedado mudo mientras te abrazaba y me preguntabas: "¿te gusta la navidad?" )
Como si finalmente supiera qué quiero de regalo. Querido santa, dos puntos y aparte,                  la quiero a ella y al tiempo, 
que me dejes detenerlo cuando me abraza, o que nunca permitas que se me olviden sus palabras. Que logremos llegar al final del camino. Que se vuelva fanática de mis canas y vea un atajo a un mundo distinto en cada una de mis arrugas. Que siga siendo ella, que jamás me permita rendirme y que explote de rabia cada vez que me vea con la intención de desviarme del camino. También quiero una bicicleta. Pero te hago énfasis en ella, porque es bonita y sabe cosas. Y a veces su corazón y sus ojos hablan el mismo idioma que mis ganas de detenerme. 
(Justo aquí con mis brazos rodeando tu existencia: Sí, me gusta la navidad.)

S.T.

9.9.20

Delirium

He visto imperios caer mientras encuentras las llaves del auto. 
Colapsar uno a uno mis intentos de huir, mientras logras salir de la cama. 
Y he encontrado en cada beso que me das, motivos para construir un reino. 
Así, con besos todos chiquitos cubriendo cada muro, así con un te quiero tanto y un te amo escapista. Y me encuentro frente al espejo como un intruso, desde que firmas por todos lados que te pertenezco. 
Y termino de rodillas adorando lo que hemos sido desde que pasaste inofensiva frente a mí. Y hasta la fecha, hasta la fecha cariño, no dejas de pasar. Y de recorrer, y de inundar y de habitar cada centímetro de mi existencia. Y tu amor me tambalea, me sacude y a la vez me mantiene anclado, ahí donde no existe otra cosa más que un ~por fin~

S.T.

31.8.20

El viaje.


Y te amé, a pesar de mi propia advertencia. Y empecé a amar en ti cada peculiaridad. Cada grieta y cada espacio que me aferré en ocupar. Por si un día nos faltabamos. Por si un día y otro día y tantos días, mi amor. Y puse la última esperanza que me quedaba: para ti. En esta cajita del tamaño de tus manos. Y aprendí a esperarte en el mismo lugar que me dejaste. Y aprendí a ser yo, y a jamás volver a callar todo lo que mi cora grita. Te grita. Y terminé sediento de ti y del nosotros que tanto anhelo. 
Y terminé cerrando los ojos, pidiendo que nunca te falte éste todito yo. Y que nunca me sobre ese todito tú. Y volvernos invencibles, incluso contra nosotros mismos. Y me volví a asomar al futuro, sólo para confirmar que sigue teniendo tu nombre. 
S.T.

20.8.20

El camino Parte I.

          (Tenía tanto miedo de llegar a la cima, hasta que tomé tu mano.)
Pude imaginarnos como reyes del mundo desde que me llamaste tuyo. 
Logré entregarte en su mayoría a mis demonios. Y lograste enamorar a los que quedaban sueltos. No le llamo magia, siempre que te veo le llamo amor. 
Y me quedo en silencio, ahí sentadito donde me dejas a esperarte, 
ahí donde construimos cada uno de nuestros sueños. 
Y descifras cada uno de mis miedos 
y te encargas de esfumarlos. 
Pude imaginarnos logrando todo desde que no me sueltas. No le llamo destino, siempre que te beso le llamo Dios. 
Y me quedo ahí sonriendo donde preguntas cada instante qué tengo. Y te tengo a vos. 

S.T.

11.8.20

Apolo

Te he pedido paciencia, porque en el arte de amar soy tan bobo. Porque te amo brusco, a gritos y sin freno. 
Porque me vuelvo un toro.
 Porque el vacío sería no amarte 
como si me quedara un día. 
Te miro y me dueles un poco:
por si te marchas, por si la ausencia,
 por si la vida. 
Te he pedido que abras los ojos, tus hermosos ojos, y te entren mis letras 
y se instalen y nunca olvides
 lo que ahora te escribo... 
               La paz que he sentido desde que puedo llamar a tu cuerpo: mi hogar. 
Te miro y me crezco un poco:
por si te quedas 
y me sigues viendo como el hombre invencible que a veces crees que soy. 
Por si lo logramos. ¡Que lo hicimos!
Te he pedido que esperes, 
que te quedes, que no me sueltes 
y juro que yo no me voy.
S.T.

6.8.20

La avioneta.

                                          (Me detengo. 
Porque mi camino comienza contigo.)

Pasaba por aquí para inmortalizar el día que se detuvo tu cora. 
Tenías esos ojos que brillan tanto que le dan vida a los míos. Y estabas tan hermosa que yo seguía divagando entre la duda y la euforia del :
               ¡Que suerte tienes cabrón! 
Y podía al mirarte ver el castillo que hemos construido. Y podía jurar que por dentro sonreías. Y que antes de que algo en tu pecho estallara, sentías un millón de búfalos corriendo dentro tuyo. 
         ¿Ya me dices muy bajito qué se siente
 ser el amor de mi vida?

S.T.

26.7.20

La cajetilla.

Creo que los domingos se inventaron para sentarme en la esquina de un rinconcito dónde pueda repasar porqué te amo. 
Recorrer el día 1 y rascar todos los detalles desde entonces. Tus inagotables maneras de decirme que cada día puedo ser un mejor hombre. 
Que ya lo soy. Que a veces no lo veo. 
Y tus tiernas formas de aferrarte al nosotros. De nombrar todo en plural para que yo sepa que eres mi cómplice.
Tus besos como enemigos de todos mis demás vicios. Y tu cuerpo como el motor del mío. 
Creo que los domingos se inventaron para que extrañarte se transforme en un pretexto para hacer las paces con el universo. 
Para agradecer por tu llegada 
y pedir que nuestros caminos
 nunca se alejen. 
Y saber que podremos enfrentar 
tantos domingos sean necesarios.
Juntos. 

S.T.