30.6.21

El Rey.

¿Quieres ver qué tan grande era un hombre? 
               Siéntate a ver cómo miles,
en su ausencia 
intentan evitar que colapse su imperio.

S.T.

28.6.21

Hasta el fin del mundo.

Me ganaste siempre en todo. Fuiste más alto,
 y más sabio, y más guapo y más noble que yo.
Fuiste un dios. Mi dios. Pero en dolores, 
ahora te he ganado. Y nadie podrá 
quitarme ese triunfo. 

10.6.21

Esto lo escribí para ti y otras 4.

(Y sin querer me convertí en tu día no planeado)
¿Qué te juegas a que no te encuentras otro pecho                                   con la medida justa para tu cabeza? 
Siempre me decías que era más fácil arrancarte la cabecita que  una idea. Como la idea de permanecer juntos, o decirme convencida que sería un gran papá. Como la idea de llevar una bitácora de todas las cosas que no debían salir de mi boca y  que sin embargo lo lograban, a lo grande y majestuoso. Como la idea de querer contabilizar mis arrugas y jurar no soltarnos. O la idea de nunca ser enemigos de nosotros mismos. De ser un uno contra todo. 
O la idea de despertar con mis brazos rodeando toda tu existencia. O la idea de que besarnos resolvería todos nuestros problemas (...)
¿Ves cómo sí era más fácil arrancar las ideas?

S.T.

31.5.21

Mufasa muriò por un pancito.

 ¿Habrà manera de salir ileso de esto?
, te acercas y me dices màs bajito de lo normal: "Sì, que no salgamos nunca". Y me imagino eterno, dentro tuyo. Rompiendo la mala racha, la pèsima costumbre, el nada solicitado eco del mundo. Y me imagino dentro de una canciòn hecha para los dos. Y una pelìcula hecha para los dos. Y un libro. Y una vida.
Y empiezas a hablar en plural y no te lo digo porque te espantas. Y  te veo poner semillitas de inmortalidad en cada jardìn que cruzas. Y te encuentro con ganas de guardar los miedos en un cajòn, y me siento a desear que por distraìda pierdas la llave y por olvidadiza no la quieras ni buscar. "Nos tengo fe, tonto". Y terminas aniquilando cualquier argumento con un sòlo beso. Y me quedo flotando.
 (Y voy a querer escribirlo todo, por si alguno de los dos lo empieza a olvidar.) 

S.T.

19.5.21

Las vacas sí pueden nadar.

Si ella estuviera aquí, me voltearía a ver y diría                                    "Abrázame, ya lo decidí ", 
porque eso hacía, decidirlo todo. 
Cuándo debía besarla, cuándo debía tocarla,
cuándo sonrojarme por sus atinadas vulgaridades. 
Decidía mi hora de dormir
                                                     (la cual siempre era hasta que a ella le diera sueño.)  
Qué camisas debía ponerme, -"esa no te la había visto, pero ahora es de mis favoritas".
Decidía mis horarios para fumar
                             (después de verla, porque antes se quedaba el sabor del tabaco en mis labios
 y eso no le gustaba.) 
Cuántas veces debía sonar el teléfono 
antes que yo contestara: Una, porque dos es demasiado si siempre tienes el teléfono en la mano- decía. 
Decidía las llamadas que iba a recibir a diario: 
una por la mañana camino al trabajo, otra por la tarde saliendo. Quizás una antes o después del ejercicio. Y una antes de dormir...
          "Ya lo decidí, ya lo decidí, ya lo decidí."
Pero no decidió amarme, 
                                            sin embargo lo hizo. 
(Y decidí que nunca iba a dejar de hacerlo.)


S.T.

10.5.21

Esa yo la pago.

Me convertí en mi padre,
para no tener que extrañarlo 
si me llegara a faltar.
Pero mi madre,
¿Qué hago con tanto?


S.T.